martes, 3 de noviembre de 2009

Maltrato a Perros y Venados










Liberar visones es malo, ¿y despellejarlos?

No voy a ser yo quien le lleve la contraria a Plutarco ni a las conclusiones de Julio Cesar, así que siguiendo la recomendación de éste último y como la mujer del Emperador, no sólo soy honesto sino que quiero aparentarlo, no vaya a ser que me acusen de “apología de la liberación”, que no existirá todavía como acción delictiva, pero cualquier día de estos algunos individuos, entre montería y corrida, propondrán que se contemple dicha figura legal a propósito de las frecuentes sueltas de visones en granjas y los que las aplauden.
Por eso afirmo que aquellos que las llevan a cabo son malos y tontos y que está muy feo liberar a estos animales, principalmente para el industrial peletero, que mira por donde ve como con cada una de estas actuaciones miles de sus esclavos, que permanecían todos condenados a muerte, corretean libres por los montes y con ellos, los millones que va a dejar de percibir por despellejarlos.
Los hechos ocurridos en Galicia hace pocos días, Comunidad en la que perduran la mayor parte de salvajes y sangrientas explotaciones de este tipo en España, han desatado una corriente de rechazo hacia los responsables de las liberaciones, linchamiento mediático al que se ha sumado la mayor parte de la prensa y de la televisión, que ya se sabe que esto de los productos suntuarios es como los lobbies taurinos, repletitos de gente forrada de pasta y con gran poder para influir en la línea de opinión. Porque los abrigos de visón no los compran los de los 420 euros mensuales, ¿no?.
¿Cómo es el discurso?: “Terrible impacto ecológico con grave peligro para las especies autóctonas por la acción del visón americano...”. Vamos, que mientras estén encarcelados no hay problema, lo peliagudo del asunto viene cuando alcanzan la libertad. Igualico igualico que cuando llevaban a los ilotas africanos a Norteamérica: si estaban encerrados en las plantaciones todo estaba bajo control, lo malo llegó con su manumisión, que se extendieron, proliferaron y ahora así les pasa, que tienen al descendiente de uno de ellos en la Casa Blanca.
Respecto a las consecuencias de que estos animales estén libres podrían ponerse bastantes “peros” a algunas de las falacias esgrimidas por las partes interesadas en su confinamiento: como que son solitarios y territoriales, lo que implica un índice de ocupación muy bajo por esta especie. Tampoco está de más recordar que antes que los defensores de los derechos de los animales, fueron algunos de los propios encargados de granjas peleteras, los que los soltaron cuando este infamante negocio perdió cuota de mercado y decidieron deshacerse de ellos, aparte de las evasiones fortuitas que desde la década de los 70 se vienen produciendo.
Luego nos cuentan, o mejor dicho, tratan de envenenar a la opinión pública, argumentando que “¡menudo amor a los animales!” el de los que hacen esto, pues la gran mayoría de los visones que se liberan morirán. Y tienen toda la razón, pocos serán los que sobrevivan, pero la pregunta que enmudece esa razón rastrera es la siguiente: ¿cuántos de ellos se salvarían de una muerte prematura en el caso de seguir enjaulados?. La respuesta es siempre la misma: ninguno. Probabilidad cero contra posibilidades escasas. ¿Qué escogen”.
Así que no nos vengan con consideraciones piadosas porque suena como un discurso de integración racial en boca del Führer, de hecho los propietarios de los visones invitan a que la gente mate a los evadidos y les lleven sus cuerpos no por evitarles sufrimientos mayores, sino para poder desollarlos y continuar con el negocio, del mismo modo que si la época del año en la que se produce la liberación coincide con aquella en la que las hembras están preñadas, el ruego es que se capturen vivos, así no perderán tanta materia prima.
Yo comprendo que en esta Sociedad, si uno no es “políticamente correcto” se le echarán encima y después, resulta muy complicado limpiar la imagen, sobre todo si conviene mantenerla inmaculada para poder pisar en ciertos salones, en ese caso entonces es mejor pasarse al otro lado o simplemente, no participar en estas cuestiones, pero lo triste es proclamarse en defensor de los animales y denostar a los que tienen el valor y la dignidad de jugarse el tipo por conseguir que se hable de su espantosa situación. No hay charla en ningún salón de actos, que tenga tanta repercusión como abrir las cárceles de estos seres.
Yo mantengo prisioneros de por vida a miles de visones para cuando alcanzan el tamaño y el grosor de piel adecuado, asesinarlos con gas o mediante electrodos y acto seguido, muertos si la ejecución ha tenido éxito o sólo aturdidos si no ha sido así, arrancarles toda la piel y en más de una ocasión, arrojarlos a un contenedor en carne viva y todavía moviéndose. Y si vienen unos señores y permiten que se escapen antes de que yo lleve a cabo mi lucrativa matanza, resulta que soy el bueno y el que puede lloriquear delante de las cámaras afirmando que esos asaltantes son gentuza sin escrúpulos. Hay que fastidiarse con la escala de valores vigente y con aquellos empeñados en que nada cambie.
Entonces, si dijese – que no lo hago, que para eso tengo un primo abogado - que las sueltas de visones me parecen un mal menor y buenas como llamada de atención sobre estas prisiones – cadalsos de seres vivos, sería tachado de delincuente y hasta de terrorista, palabrita ésta última muy de moda en boca de los maltratadores de animales para referirse a los que rechazan sus crímenes y exigen respeto por estas criaturas, pero resulta que si las critico, estoy contribuyendo a un negocio sangriento y miserable que acarrea verdaderas atrocidades cometidas con los animales para que unos cuantos, se vistan con sus pieles. Así que a la vista de lo dicho, que cada uno interprete mi postura como quiera, sobre todo teniendo en cuenta que soy gallego.
Galicia, un cortijo de cazadores

En las Parroquias de San Amaro y Punxin (Ourense), se encuentra situado el TECOR (Terrenos cinegéticamente ordenados) 10.105, en el que existen refugios de fauna, fincas segregadas y zonas de seguridad, espacios todos ellos perfectamente delimitados y señalizados en los que no se puede practicar la caza, quedando ésta circunscrita a las extensiones autorizadas dentro de dichos terrenos.
En el B.O.P. de Ourense Nº 202 de 03/09/2005, se publicó la relación de fincas que se pretendía segregar y se abrió el periodo de alegaciones. Posteriormente, la Consellería de Medio Ambiente de A Xunta, envió una copia del escrito correspondiente a la dirección del TECOR y a todos los afectados, informando de cuáles eran estas parcelas y ofreciendo los datos necesarios para identificarlas y situarlas.
Resumiendo, que cualquiera que hubiese tenido el mínimo interés en determinar su ubicación disponía de información sobrada para ello, con lo que no es posible alegar desconocimiento. Lo que sí se puede hacer, como en su día se le ocurrió al Presidente de este TECOR, es difundir por una emisora de radio que no pensaba respetar la normativa, invitando a los propietarios del suelo a desistir de su derecho sobre el mismo.
¿Y todo esto por qué?. Pues se debe a que el hecho de que sus legítimos dueños recuperen el dominio de sus fincas, impide a los 150 cazadores que pertenecen al TECOR emplear sus armas para matar animales dentro de ellas, algo a lo que unos cuantos, no todos, no están dispuestos a renunciar. Su obsesión por apuntar a una criatura, apretar el gatillo y rematarla a cuchillo cuando sea menester, les domina de tal modo que les hace despreciar la propiedad privada, la legislación y hasta el riesgo de alcanzar a un ser humano.
Nos encontramos entonces con que siguen efectuando disparos en las zonas de seguridad, en refugios de fauna y en las mencionadas fincas. Ellos, que en ningún momento niegan esta vulneración legal, aducen que la señalización de esos espacios es deficiente. La realidad es que las indicaciones abundan y son repuestas por los propietarios hasta la saciedad, ya que los cazadores las destrozan con sus armas o las arrancan, para luego poder defenderse diciendo que no sabían que estaban en lugares no autorizados.
Enfrentarse al grupo de escopeteros que arma en mano, pululan por estas zonas prohibidas a la caza en el citado TECOR, es recibir un aluvión de insultos, de amenazas y cómo no, de agresiones físicas. La última fue la sufrida por el portavoz de un grupo ecologista y también dueño de algunas de las parcelas invadidas por los cazadores. Le atacaron con los puños, con piedras y con palos. También blandieron armas blancas aunque éstas no las llegaron a utilizar. Sus lesiones fueron múltiples y existe el parte médico que lo demuestra, así como una denuncia interpuesta por dichos hechos.
Esta gente, que no tiene el menor reparo en violar la ley de caza, dice ahora sentirse "amenazada" por el ecologista al que golpearon con brutalidad, cuya conducta tienen la osadía calificar de agresiva. El ataque, cobarde y feroz, se produjo cuando después de explicarles que allí no podían cazar, regreso al lugar tras ir a su casa a buscar la documentación que así lo acreditaba para demostrárselo. Y esas declaraciones las hacen los mismos que le dieron una paliza, los que amagan con pegarle a un tiro a aquellos que les reprenden por su desprecio a la legalidad escudándose en que "será un accidente y ya pagará el seguro".
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Su actitud chulesca y el hecho de que vayan siempre en cuadrilla y armados, les basta para mostrar su bravuconería con cualquiera que les indique que están cazando donde no está permitido. Sin embargo, ante la opinión pública y las autoridades, quieren ir de inocentes y de acosados, por lo que ahora le han pedido a la Subdelegación del Gobierno que establezca vigilancia en el monte, ya que el comienzo de la temporada de caza es inminente y se sienten "asustados" ante el portavoz de la asociación ecologista al que dejaron herido entre cuatro. Qué repugnante mezcla de salvajismo y de hipocresía.Esta falta de control es precisamente lo que vienen denunciando los afectados por los cazadores desde hace años, ya que sólo el SEPRONA, desbordado de trabajo, se preocupa por vigilar esas zonas, pero el escaso número de efectivos imposibilita abarcar todo y no existe presencia de guardas forestales para participar en dichas labores. En lo que se refiere a este TECOR, los perjudicados por los desmanes de los cazadores, han dirigido a diferentes estamentos de la Administración más de veinte escritos en los cuatro últimos años, exponiendo los casos de abusos, amenazas, actuaciones peligrosas, violaciones de la ley y en casi la mitad de ellos, solicitando una inspección suficiente y efectiva.
También puede ocurrir que la Administración, ante la petición de una mayor vigilancia en los terrenos del TECOR, necesaria según una cuadrilla de cazadores para un ecologista solo no les pegue, y a juicio de los que no se dedican a esparcir vísceras de animales, para que los discípulos de San Huberto no conviertan todo el monte, sectores vedados incluidos, en su particular campo de exterminio, responda que no disponen del presupuesto que les permita establecer dichas rondas. Y probablemente tendrán razón, sobre todo después de que hayamos conocido que la Consellería de Medio Rural, ha decidido aportar 170.000 euros para fomentar la actividad cinegética. Es lo que tiene subvencionar a los verdugos, que luego no quedan dineritos para las víctimas.
Dejando ya aparte de lo discutible de la caza, un deporte que aunque quiera disfrazarse con el atuendo del conservacionismo, no es más que darle gusto al simple placer de matar, es inadmisible el comportamiento de ciertos cazadores, que se creen que todo el monte, incluyendo terrenos en los que por su especial consideración es ilegal cazar, es un escenario en el que pueden reventar a disparos a un animal sin que nadie tenga derecho a impedírselo.
Son violentos, son chulos y cuando no hay testigos que puedan comprometerles, hacen de las amenazas su seña de identidad y de las agresiones sus argumentos. Alguna prueba en vídeo existe sobre este comportamiento intimidatorio tomada durante un Campeonato de Caza del Zorro en Galicia. Este ecologista, que no hacía más proteger sus propiedades, recordarles la ley y evitar matanzas de animales allí donde está prohibido ejercer la caza, tuvo que sufrir los golpes y la brutalidad de cuatro de ellos. Ahora le toca soportar la falsedad y desvergüenza de estos escopeteros, tratando de convertirse en víctimas cuando son ellos las que las causan.
Se creen los amos y señores del monte, por el que transitan a sus anchas portando armas y dejando innumerables regueros de sangre, a menudo humana, no hay más que repasar las hemerotecas. Y están acostumbrados a que los ciudadanos, en vez de poder ejercitar su derecho de pasear libremente por lo que es patrimonio de todos, opten por quedarse en sus casas o tengan que escoger otros lugares, ante el miedo de recibir el disparo de un cazador.
Este TECOR de Galicia, es sólo una muestra más de un problema que afecta a todo el País, porque muchos de estos señoritos siguen pensando que cualquier terreno en el que hay piezas susceptibles de ser abatidas, forma parte de un inmenso cortijo de su propiedad que pueden sembrar de cadáveres a su antojo, sin admitir que nadie se atreva a negarles esa “prebenda” que ellos solitos se adjudican cuando obtienen la licencia de caza.
Ataques a personas, muerte indiscriminada de animales, sufrimiento, furtivismo, perros heridos, abandonados y asesinados, “accidentes” con víctimas humanas, tráfico de animales y de trofeos, conculcación de los derechos de muchos ciudadanos, infracciones legales... todo eso y más trae consigo la caza. Y encima, los responsables de tales desafueros, quieren jugar el papel de mártires ante la Sociedad. Algunos, movidos por su pasión por matar, no encuentran límites ni en la moral, ni en la razón, ni en la Ley.

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